
Una mañana fresca de octubre. Cuatro amigas deciden dar un paseo cerca del mar. El tibio sol otoñal acaricia con suavidad la piel. Con delicadeza inusitada. Una vehemencia tal, que parece la mano amiga de alguien que nos quiere bien. Y nos lo demuestra con gesto firme.
Las cuatro, hablan de sus cosas, ríen, y comparten historias que sin ese lazo de confianza desde los tiempos de la facultad, jamás se contarían y mucho menos serian participes de tales confesiones.
El nuevo chico que conoció Inés es la envidia de toda la clase de danza. Por el contrario, Sara sigue con su novia Ana, ya van para tres años de convivencia. Maite, se ha tatuado de nuevo la espalda, cosa que ha gustado a su hombre y Sonia, sigue sin encontrar al amor de su vida… solo individuos que buscan y suspiran por su cuerpo.
El resto del paseo marítimo esta lleno de historias. El sol sienta bien a todos y la mañana es esplendida. Imágenes cotidianas que todos hemos vivido.

