
Ayer, don Mateo, don Álvaro y don Vicente hablaban de sus cosas. Doña Leonor, sentada en la silla de mimbre que traía cada día de su casa, participaba amenamente de la conversación. Venia con la silla, no por comodidad sino para evitar los dimes y diretes de sus vecinas más cotillas. Los cuatro viudos hablaban de todo. A veces, al situar algo vivido, la memoria les jugaba una mala pasada con la época del suceso, pero alguien lo rectificaba. Los cuatro se conocían de la niñez. Vivian en la misma plaza desde entonces.
.-Lastima… de los que ya se han ido.
Se lamentaba don Álvaro, al tiempo que todos asentían con la cabeza.
.-Lastima… de los que ya se han ido.
Se lamentaba don Álvaro, al tiempo que todos asentían con la cabeza.

