
Casi siempre no sabemos lo que tenemos hasta que las comparaciones, por obvias que son, se vuelven odiosas. Un pequeño dolor puede derivar en un gran sufrimiento si al centro hospitalario que acudimos, nos dejamos influenciar por la primera impresión visual.
Con la comida nos pasa lo mismo. En cambio si nos obligasen a comer con los ojos tapados, seguramente nuestra parte consciente del cerebro ni se inmutaría ante los sabores de muchas cosas desagradables a otro sentido como es la vista.
En cuanto a las relaciones entre hombres y mujeres suele pasar lo mismo. Un buen “wonderbra” con el correspondiente escote animaría al genero masculino a elegir con claridad en donde perder los sentidos. Y para el deseo femenino que mejor que unos músculos bien definidos en lugar de la clásica tripa Cervera.
Con la comida nos pasa lo mismo. En cambio si nos obligasen a comer con los ojos tapados, seguramente nuestra parte consciente del cerebro ni se inmutaría ante los sabores de muchas cosas desagradables a otro sentido como es la vista.
En cuanto a las relaciones entre hombres y mujeres suele pasar lo mismo. Un buen “wonderbra” con el correspondiente escote animaría al genero masculino a elegir con claridad en donde perder los sentidos. Y para el deseo femenino que mejor que unos músculos bien definidos en lugar de la clásica tripa Cervera.
Somos animales de costumbres. De imágenes y pocas realidades. Solo somos aquello que queramos ser, como dijo cierto poeta y filosofo.

