domingo, 2 de septiembre de 2007

Desde el palomar...

Extracto de… “Carta de una paloma mensajera”...

Desde la torre donde anido puedo ver los cuatro puntos cardinales. Paso horas mirando. Unas veces el sur me atrae más de la cuenta, algunas tardes otoñales es el oeste quien clama mi atención. El norte en sus primeros días de invierno tiene la calidez que perderá en pocas jornadas... pero hoy decidí mirar al este. Los tejados que tantas veces he sobrevolado. Tejas rojas de arcilla, cocidas hace más de cien años en hornos de leña que hoy solo son un mero recuerdo. Un siglo también tienen las paredes que las sustentan. Paredes blancas como el alma.
Es curioso fijarse en los detalles que muchas veces la panorámica no nos deja ver. Las ventanas, unas más grandes que otras. Las persianas, las macetas con sus geranios y esa jaula que alberga a un pobre pájaro que por cantar lo tienen preso. Bueno es reposar y mirar sin prisas. Con esa calma que describe Azorín cuando su pluma empieza a trazar palabras.