
Comienza la última semana de libertad condicional y vigilada por el tiempo. Se nos van las vacaciones. En la Europa moderna, agosto es el mes de los excesos para todos. Familias completas inician su peculiar éxodo en busca de aquello que en teoría no han sabido encontrar en los once meses restantes del año.
Pero todo tiene un fin. El inicio, ya es historia. El tiempo que todo lo puede pasa su factura inexorablemente. Incluso los filósofos envejecen. Unos con gran elocuencia, otros sin la conciencia en su sitio. Quizás, la filosofía que desprendía ese viejo y añorado cazador chino llamado Derzu Urzala, deberíamos de hacer todos. Retirarnos a la montaña cuando nuestras facultades empiezan a disminuir.
Todos nos recordarían en pleno apogeo. Sin decadencia. Solo esplendor, aunque sea sin hierba.
Voy a comprar una isla, donde se pueda ir a morir en paz. Un cementerio para el merecido descanso de los viejos elefantes. Hay que aprender siempre de los que mas saben.
Pero todo tiene un fin. El inicio, ya es historia. El tiempo que todo lo puede pasa su factura inexorablemente. Incluso los filósofos envejecen. Unos con gran elocuencia, otros sin la conciencia en su sitio. Quizás, la filosofía que desprendía ese viejo y añorado cazador chino llamado Derzu Urzala, deberíamos de hacer todos. Retirarnos a la montaña cuando nuestras facultades empiezan a disminuir.
Todos nos recordarían en pleno apogeo. Sin decadencia. Solo esplendor, aunque sea sin hierba.
Voy a comprar una isla, donde se pueda ir a morir en paz. Un cementerio para el merecido descanso de los viejos elefantes. Hay que aprender siempre de los que mas saben.

