miércoles, 11 de julio de 2007

SANDRO


Sandro, como cada mañana, se monto en su pequeño bote. Se dirigió al embarcadero a esperar a algún turista que quisiera desplazarse a una de las islas turísticas que se encontraban a poco más de tres millas. Cada día hacia lo mismo. Una rutina casi monótona.
.-Con los ojos cerrados te llevo a donde quieras.
Presumía de ser quien mejor se conocía los rincones de puerto Jiménez en Costa Rica.
.-Si me equivoco no me pagas. Pero si acierto me das tres veces el importe.
Nadie aceptaba sus juegos. Cuando se juguetea a veces perdemos demasiado.
Hoy, un amigo en común, llamado Carlos, me ha dejado un mensaje en el contestador…
.-Recuerdas a Sandro? Ayer un golpe de mar se lo llevo para no volver.