Dos jóvenes monjes tibetanos, se encontraban meditando. Terminaron el Tchanresi. Dieron varias vueltas alrededor del “Chorten”. La tarde caía lentamente a más de cuatro mil metros de altura. El sol, hacia brillar como nunca el techo de su monasterio. Pronto tomarían un reparador “Tshampa”.Han pasado cuarenta y nueve años. Hoy un candado y una gruesa cadena de acero, fabricados ambos en China, impiden la entrada al templo.
Los dos monjes, son sexagenarios, siguen meditando, dando vueltas al Chorten de la vida... solo que exiliados en Dharamsala.
El espíritu olímpico de las próximas olimpiadas, sencillamente es parte de la hipocresía y burocracia sin sentido en la que vive la humanidad. Una vergüenza que no nos debería ser ajena. Una falta de ética verlos y mucho peor, competir por una medalla a los derechos humanos.

