miércoles, 20 de junio de 2007

La hora en el desierto de la vida



Andar por la orilla del mar. La orilla alegre de la vida. Aquellos pasos que se dan sin pensar. Solo andar como hacen los poetas cuando empiezan a llenar cuartillas de blanco satén. Un trovador que fue lírico en sus inicios, buscando a su amor, para declamarle una eterna rima que nunca dijo. Un rapsoda, un juglar fuera de su tiempo y época. La espuma de la propia existencia y la soledad que lo envolvía le hacia sonreír, incluso a veces, había hablado solo. Locura locuaz.

Un gramo de chifladura pasajera, ganada por el pulso de la emotividad. Sin prisas por volver sobre sus pasos o buscando un camino nuevo.

.-Que hora debe de ser?

A veces, se lo preguntaba para sus adentros. La respuesta en un mundo de soledades, estaba escrita en el suelo.