Cada mañana, solía sentarse por un rato y observar el mismo paisaje. La calma era tal, que incluso las hojas no se mecían con la brisa. Se quedaban inertes… por no molestar. Era como estar sentado en una sala de un museo. El de arte moderno de Ceret, por ejemplo. Un sitio tranquilo en Francia, cerca de Perpignan, un pueblo que llego a la boca de todos, gracias a una película de Marlon Brando en la época que un pecho sugerente, y un poco de mantequilla se consideraba un escándalo de efectos devastadores para la moral.
http://www.imdb.com/title/tt0070849/
Las salas del museo de Ceret, albergan obras clásicas de los autores impresionistas mas celebres. Los franceses tienen su lugar de culto. Matisse, Derian, Cocteau, Juan Gris, Max Jacob y Chagall. El nacimiento del fauvismo. Una buena colección de cerámica de Picasso. El mundo taurino de los sesenta. Esculturas de Manolo. Hay mucho mas… pero no basta con leerlo aquí. Hay que ir.
Además estaréis donde anida la calma. La misma que cada mañana solía encontrar, cuando se sentaba delante del viejo árbol.

