Una mañana finalizando el otoño decidí abrir mi propio negocio. La vida me había enseñado los dientes, así que creí oportuno dedicarme a afilarlos. Darles punta y hacerlos mas mordientes y aguzados. Las cosas me fueron bien, ya que todo el mundo quiere ser mas locuaz y estar mejor preparado en lo suyo. Abrí mi pequeño negocio que con los años, creció y olvido la pequeñez de sus inicios para volverse algo grande y difícil de manejar. Ya no me sentía cómodo, así que lo traspase. Mis dos empleados de siempre, se hicieron cargo y yo me fui, lejos…
Unos años después pase a visitarlos. Del negocio solo quedaba un pequeño letrero verde. Y unos cuantos ladrillos de adobe que tiritando aun se mantenían en pie. Me di la vuelta y recordé mi primer cliente mientras se alejaba…
Unos años después pase a visitarlos. Del negocio solo quedaba un pequeño letrero verde. Y unos cuantos ladrillos de adobe que tiritando aun se mantenían en pie. Me di la vuelta y recordé mi primer cliente mientras se alejaba…


